
El uso de ChatGPT como nueva compulsion, en pacientes con Trastorno obsesivo compulsivo
La inteligencia artificial se ha incorporado a nuestro día a día como un recurso práctico y accesible. Sin embargo, en pacientes con Trastorno Obsesivo-Compulsivo (TOC), puede convertirse en una vía adicional para realizar compulsiones, sobre todo en forma de búsqueda de certeza, comprobación y afianzamiento. En consulta observamos cada vez más este fenómeno, que interfiere en la evolución terapéutica y alimenta la dinámica del trastorno.
A continuación, resumo los principales puntos de preocupación clínica y algunos ejemplos reales que ilustran cómo se manifiesta este nuevo patrón.
1. ChatGPT como “compulsión de búsqueda de certeza”
Uno de los rasgos característicos del TOC es la necesidad de certeza absoluta, que lleva a los pacientes a realizar comprobaciones, preguntas y rituales para reducir temporalmente la ansiedad.
ChatGPT se ha convertido en un nuevo canal para esa búsqueda compulsiva.
Formas típicas de uso:
- Repetir la misma pregunta esperando una respuesta tranquilizadora.
- Pedir confirmación de que “todo está bien”:
– «¿Seguro que no he hecho nada malo?»
– «¿Podría haber contaminado o dañado a alguien?» - Consultar constantemente sobre riesgos, probabilidades, diagnósticos o moralidad.
- Utilizar ChatGPT como sustituto de pedir tranquilidad a familiares o terapeutas.
Aunque la respuesta del modelo pueda calmar durante unos minutos, refuerza el mismo ciclo del TOC: obsesión → ansiedad → compulsión → alivio → vuelta a empezar.
2. Una herramienta diseñada para responder, no para detener compulsiones
ChatGPT está diseñado para ofrecer respuestas, lo que lo convierte en un terreno muy fértil para las compulsiones del TOC. No distingue entre una duda genuina y una obsesiva, y no aplica técnicas como la Exposición con Prevención de Respuesta (EPR). Para los pacientes, la disponibilidad inmediata de respuestas se convierte en un atajo para reducir ansiedad… pero un atajo que alimenta el problema.
Ejemplo clínico:
Marta, 28 años, con TOC de contaminación, usaba ChatGPT para comprobar riesgos de contagio. Empezó preguntando una vez al día, pero en pocas semanas lo hacía cada vez que tocaba una superficie que le generaba ansiedad: barandillas, pomos, productos del supermercado. Preguntaba:
«¿Es posible haber transmitido una bacteria por tocar esto? »
Incluso cuando la respuesta era prudente o vaga, ella la interpretaba como alivio momentáneo y seguía consultando. El uso llegó a ser tan frecuente —hasta 30 consultas diarias— que desplazó rituales previos como lavarse las manos. Las compulsiones no desaparecieron: simplemente cambiaron de formato.
3. La ilusión de precisión y autoridad
Muchos pacientes interpretan las respuestas de la IA como exactas, neutrales y basadas en hechos objetivos. Esto provoca un fuerte efecto de autoridad, que puede reforzar la compulsión de búsqueda de certeza.
La IA proporciona explicaciones amplias, datos y matices que, aunque bien intencionados, pueden alimentar la rumiación.
Ejemplo clínico
David, 34 años, con TOC de responsabilidad, temía haber atropellado a alguien sin darse cuenta. Tras pasar con el coche por un bache, recurría a ChatGPT para preguntar:
«¿Es posible causar un daño grave sin notarlo?»
La IA respondía con explicaciones generales sobre accidentes, percepción del conductor o señales de impacto. David interpretaba cada frase como una pieza que necesitaba analizar. Pasaba horas entrando y saliendo del chat, buscando matices, comparando respuestas entre distintos días. La herramienta se convirtió en un nuevo escenario para el análisis infinito, manteniéndolo atrapado en la obsesión.
Impacto clínico: cómo interfiere en el tratamiento
Este uso compulsivo genera varios efectos perjudiciales para la evolución del trastorno:
- Aumenta la frecuencia de las compulsiones: el paciente tiene un nuevo canal disponible 24/7.
- Reduce la tolerancia a la incertidumbre, ya que cada duda se intenta resolver al instante.
- Interfiere con la exposición y la EPR, porque el paciente neutraliza la ansiedad entre sesiones.
- Expande el tiempo dedicado al TOC: algunos pacientes consultan decenas de veces al día.
Ejemplo:
Lucía, 22 años, con TOC relacional, se preocupaba por la posibilidad de no querer suficiente a su pareja. Cada pensamiento intrusivo lo convertía en preguntas para la IA:
«Si pienso esto, ¿es una señal de que ya no estoy enamorada?»
«¿Es normal dudar en una relación estable?»
Aunque las respuestas eran normalizadoras, esto reforzaba la dinámica del TOC: pensamiento → ansiedad → consulta → alivio. Llegó a contabilizar entre 40 y 50 consultas diarias. Esto impedía por completo trabajar la tolerancia a la duda.
Conclusión
El TOC es un trastorno que se adapta rápidamente al contexto tecnológico. ChatGPT y herramientas similares no son peligrosas en sí mismas, pero pueden convertirse en un nuevo vehículo para rituales y comprobaciones. Como profesionales, necesitamos reconocer este fenómeno, abordarlo explícitamente y actualizar nuestras intervenciones para prevenir que la tecnología refuerce los síntomas.
La clave no es eliminar la IA, sino evitar que el TOC la utilice como una nueva forma de compulsión y acompañar al paciente para recuperar la capacidad de sostener la incertidumbre de manera saludable.
Autora: Silvia García Graullera — Psicóloga especialista en Psicología Clínica, directora de PSICIA · Centro de Psicología Científica Aplicada.
Silvia acompaña a personas que atraviesan procesos emocionales complejos, ofreciendo apoyo psicológico basado en la evidencia clínica.
Conecta con ella en LinkedIn o visita su perfil profesional en Google.
